martes, 21 de febrero de 2012

Nueva reforma laboral


El Consejo de Ministros aprobó el pasado viernes diez de febrero, su “anunciada” reforma del mercado laboral en medio de un gran secretismo, pues mucho se ha hablado de sus objetivos y muy poco de su contenido amparándose en el "respeto institucional" para no divulgar la letra pequeña de la reforma. Lo que, por descontado, ha generado un gran malestar entre los sindicatos que aseguran que Empleo no les había hecho llegar ningún documento sobre lo que pensaba aprobar el Gobierno.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya había advertido de que la situación del empleo "empeorará" en 2012 y lanzó el siguiente mensaje: la reforma laboral que ha diseñado el Gobierno será "amplia, profunda, equilibrada y útil" para favorecer la competitividad, la creación de empleo y la estabilidad laboral. Así mismo dejo claro que era de esperar como respuesta una huelga general.



Se pretende con la reforma dar más estabilidad al empleo; fomentar la formación a lo largo de toda la vida laboral, e introducir una mayor flexibilidad interna en las empresas para que empresarios y trabajadores puedan adaptarse a las circunstancias del mercado y los ajustes no se produzcan vía despidos.

Sin embargo, realmente ayudan a las empresas facilitando el despido y reduciéndoles las penalizaciones por hacerlo. Además de reducir la indemnización por despido que reciben los trabajadores y permitir que los empresarios puedan aplicar expedientes de regulación de empleo sin necesidad de autorización administrativa.



La reforma perseguirá además el impulso a la participación del sector privado en la intermediación laboral ya que el sector público solo consigue colocar al 3% de los parados, e incluirá medidas para fomentar el autoempleo. Como la que permitirá que los jóvenes puedan capitalizar el 100% de la prestación por desempleo, y no el 80% como hasta ahora, si montan un negocio propio.

Sin embargo las administraciones, organismos y entidades del sector público podrán invocar causas económicas, técnicas, organizativas y de producción para despedir. Es decir, hacer despidos por causas objetivas similares a las que funcionan en las empresas privadas. No podrán despedir a funcionarios, pero sí al personal laboral indefinido que haya accedido a su puesto mediante oposiciones. El Gobierno justifica esta medida en la necesidad de facilitar "el redimensionamiento" de las administraciones que crecieron "desmesuradamente" durante la crisis.



La ministra de Empleo, Fátima Báñez, insistió en varias ocasiones en que la reforma no tocaría los derechos consolidados de los trabajadores, pero el contrato indefinido ordinario, de 45 días de indemnización por año trabajado, desaparece. A partir de ahora, todos los contratos indefinidos tendrán 33 días de indemnización por año trabajado. Además los trabajadores serán despedidos inicialmente con 20 días de indemnización y será el trabajador el que tenga que acudir a la justicia si considera que ha sido despedido de forma improcedente.

No se si viven en el mundo al revés o lo hacemos los demás, pero rara vez lo que dicen con palabras bonitas se corresponde con la realidad de los trabajadores. En cualquier caso, se trata de la segunda reforma laboral en menos de dos años, a la que hay que sumar la reforma de la negociación colectiva en junio del año pasado y varios paquetes de medidas. Ninguna de ellas ha conseguido, no ya crear empleo, sino evitar que continúe la destrucción de puestos de trabajo, más bien al contrario. El paro sigue en aumento y cada día los derechos de los trabajadores se ven reducidos en favor de los intereses de los empresarios.






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