sábado, 12 de mayo de 2012

FERNANDO SANCHEZ CASTILLO



La cámara frigorífica del matadero de Madrid recoge estos días el monumento “Síndrome de Guernica” un gran cubo de chatarra comprimida que en realidad es el desguazado yate construido para el dictador Francisco Franco. El autor Fernando Sánchez Castillo, uno de los artistas españoles contemporáneos más reconocidos de forma internacional. 

En un guiño al cubismo de Picasso, que ya nos adelanta el propio nombre de la obra, el artista pretende dotar a su creación de una reflexiva carga retórica al emplear la figura prismática del cubo, muy utilizada en el minimalismo por su impersonalidad constructiva, que elimina cualquier referencia sentimental o emotiva de la obra. Sin embargo el cubo no está completo, en realidad esta hueco por dentro, detalle que a primera vista pasa desapercibido al espectador. Esta forma característica asemeja la obra a un bunker de guerra, recordándonos el pasado militar del, en su día, barco del dictador. Además, para el artista, este hueco oculto, simboliza un problema que aún sigue ahí.

Una reflexión paralela surge del mismo cubo de chatarra como símbolo de la obsolescencia de los objetos y emblemas pasados y contemporáneos que se ven constantemente reciclados. En este punto el artista divide la obra en las tres partes fundamentales de su historia. Su uso en la dictadura como exaltación de un “héroe”, la indecisión de los tiempos de nadie y la democracia que no sabe qué hacer con esa parte de su historia, y la superficial frivolidad, lejos de toda nostalgia, de los tiempos “poscapitalistas” actuales con respecto a estos símbolos.

El monumento que es la obra critica el propio acto de monumentalizar en una sátira irónica. Al igual que los leones de las puertas del congreso fueron construidos con el metal de los cañones que ayudaron a ganar la guerra, o las catedrales de los vencedores se construyeron con las piedras de las de los vencidos, así nos provoca una reflexión acerca de la caída del franquismo sobre cuyos cimientos se construyó la democracia y la vida tal y como la conocemos actualmente.

El artista habitualmente trata temas de la historia reciente española y problemas que afectan a la sociedad actual, abordados mediante los símbolos preestablecidos con un punto de ironía que cuestiona la relación entre arte, poder e historia. Su trabajo se aproxima a la historiografía, el periodismo o las ambiguas relaciones entre el poder y su propaganda. En un estilo conceptual pretende hacernos reflexionar para que no se olviden los problemas que para él aun siguen existiendo.

 Emplea diferentes técnicas, dependiendo de cada obra, pero suele transformar objetos comunes de gran tamaño en algún tipo de instalación. Como por ejemplo el camión antidisturbios que situó como fuente en el centro de un lago de la madrileña localidad de Alcorcón. Obra muy polémica con la que pretendió darle una nueva utilidad a este camión para representar un tema de abuso de poder que aún está sin resolver. Estos camiones de utilizaban para lanzar chorros de agua de alta presión a los manifestantes. Con frecuencia el agua estaba teñida para facilitar la posterior detención de los manifestantes. Si bien las formas han cambiado, se siguen utilizando medidas abusivas en contra de la libertad de expresión y el derecho a manifestarse.

Este tipo de arte resulta interesante para el espectador especialmente por su sentido crítico que induce a la reflexión y al recuerdo de algo que forma parte de nuestra historia y que debe ser conocido por todos para poder ser adecuadamente juzgado, y así no caer en el olvido en medio de la frivolidad de los tiempos en que vivimos.

Asimismo sería interesante mostrar este tipo de arte a los jóvenes de hoy en día para evitar la común desinformación de este sector tan importante de la población. Sin embargo la obra en si debe ir acompañada de una reflexión del autor, o mejor de un debate cara a cara entre artista y espectadores, para que los jóvenes alcancen a comprender la complejidad de la obra y todos sus puntos de reflexión.






 



sábado, 5 de mayo de 2012

Caitlin Hackett


Hace poco descubrí a una interesante ilustradora, se trataba de la estadounidense Caitlin Hackett cuyo trabajo cercano al surrealismo hace alusión a las fronteras que separan a los humanos de los animales, tanto física como espiritualmente, y cómo estos límites son deformados por los nuevos datos científicos, la mitología, la historia y las creencias religiosas por igual, borrando los límites sobre lo que es el ser humano, y lo poco que nos separa de los monstruos o de las bestias de la naturaleza.

              La artista se centra en la forma en que las personas personifican o ignoran a los animales, la forma en que el punto de vista humano de un animal puede hacer de él un objeto de utilidad, un compañero digno de confianza, o una monstruosidad. Esto es lo que pretende mostrar en su trabajo, la esencia real del animal en comparación con la idea abstracta que se tiene de él en la mente humana. El significado simbólico atribuido a las diferentes especies se correlaciona directamente con la forma en que son tratados en el mundo real, en el que hay criaturas que están bien vistas y protegidas, como perros o aves, y otras que despiertan repulsión, como es el caso de los insectos o las ratas.

         El característico estilo de esta artista es cercano al surrealismo onírico, en el uso de hibridaciones, deformaciones y seres imposibles que pueblan un mundo desolado y gris. Sin embargo, su toque personal lo pone el carácter tenebrista y tétrico de todas sus composiciones, la presencia de esqueletos, la mezcla un tanto estrambótica de seres deformes y demás monstruosidades. Además de las inquietantes líneas quebradas y sinuosas que emplea, los tonos lúgubres en medio de un mar de colores claros, los elementos que parece que no debieran de estar ahí y el sentimiento de tristeza, soledad o marginación que parecen expresar las criaturas nos hacen preguntarnos sobre qué es lo que la artista pretende contarnos y que va más allá de la imagen que estamos viendo.

Sus obras son composiciones que hablan del sentimiento de la gente, ya sea bueno o malo, hacia los animales, y sin palabra alguna los propios seres de los cuadros nos revelan con ironía su dolor o incomprensión hacia la injusticia que los rodea, como la elegante mujer adornada con el cadáver en descomposición de una zorra o el cordero mutante en un paraje destrozado.

Esta novedosa artista está rompiendo los moldes del arte ilustrativo tal y como se concebía hasta ahora. Fundiendo el pasado de la pintura con algo que aún apenas está empezando ha triunfado en un campo que hasta hace muy poco estaba reservado al cómic tradicional. Es interesante que la gente conozca su obra, así como la de tantos otros que también están empezando a innovar y a crear tendencia, como el español Luis Royo o el japonés Ryohei Hase. Al enseñar este tipo de arte, además del convencional, en universidades y centros de arte, hace posible que se formen alumnos con un amplio conocimiento  artístico que algún día contribuirán a aumentar el complejo y versátil mundo del arte.