La cámara frigorífica del matadero de Madrid recoge estos
días el monumento “Síndrome de Guernica” un gran cubo de chatarra comprimida
que en realidad es el desguazado yate construido para el dictador Francisco
Franco. El autor Fernando Sánchez Castillo, uno de los artistas españoles
contemporáneos más reconocidos de forma internacional.
En un guiño al cubismo de Picasso, que ya nos adelanta el
propio nombre de la obra, el artista pretende dotar a su creación de una
reflexiva carga retórica al emplear la figura prismática del cubo, muy
utilizada en el minimalismo por su impersonalidad constructiva, que elimina
cualquier referencia sentimental o emotiva de la obra. Sin embargo el cubo no
está completo, en realidad esta hueco por dentro, detalle que a primera vista
pasa desapercibido al espectador. Esta forma característica asemeja la obra a
un bunker de guerra, recordándonos el pasado militar del, en su día, barco del
dictador. Además, para el artista, este hueco oculto, simboliza un problema que
aún sigue ahí.
Una reflexión paralela surge del mismo cubo de chatarra
como símbolo de la obsolescencia de los objetos y emblemas pasados y
contemporáneos que se ven constantemente reciclados. En este punto el artista
divide la obra en las tres partes fundamentales de su historia. Su uso en la
dictadura como exaltación de un “héroe”, la indecisión de los tiempos de nadie
y la democracia que no sabe qué hacer con esa parte de su historia, y la
superficial frivolidad, lejos de toda nostalgia, de los tiempos “poscapitalistas”
actuales con respecto a estos símbolos.
El monumento que es la obra critica el propio acto de
monumentalizar en una sátira irónica. Al igual que los leones de las puertas
del congreso fueron construidos con el metal de los cañones que ayudaron a ganar
la guerra, o las catedrales de los vencedores se construyeron con las piedras
de las de los vencidos, así nos provoca una reflexión acerca de la caída del
franquismo sobre cuyos cimientos se construyó la democracia y la vida tal y
como la conocemos actualmente.
El artista habitualmente trata temas de la historia
reciente española y problemas que afectan a la sociedad actual, abordados mediante
los símbolos preestablecidos con un punto de ironía que cuestiona la relación
entre arte, poder e historia. Su trabajo se aproxima a la historiografía, el
periodismo o las ambiguas relaciones entre el poder y su propaganda. En un
estilo conceptual pretende hacernos reflexionar para que no se olviden los
problemas que para él aun siguen existiendo.
Emplea diferentes técnicas,
dependiendo de cada obra, pero suele transformar objetos comunes de gran tamaño
en algún tipo de instalación. Como por ejemplo el camión antidisturbios que
situó como fuente en el centro de un lago de la madrileña localidad de
Alcorcón. Obra muy polémica con la que pretendió darle una nueva utilidad a
este camión para representar un tema de abuso de poder que aún está sin
resolver. Estos camiones de utilizaban para lanzar chorros de agua de alta
presión a los manifestantes. Con frecuencia el agua estaba teñida para
facilitar la posterior detención de los manifestantes. Si bien las formas han
cambiado, se siguen utilizando medidas abusivas en contra de la libertad de
expresión y el derecho a manifestarse.
Este tipo de arte resulta interesante para el espectador
especialmente por su sentido crítico que induce a la reflexión y al recuerdo de
algo que forma parte de nuestra historia y que debe ser conocido por todos para
poder ser adecuadamente juzgado, y así no caer en el olvido en medio de la
frivolidad de los tiempos en que vivimos.
Asimismo sería interesante mostrar este tipo de arte a los
jóvenes de hoy en día para evitar la común desinformación de este sector tan
importante de la población. Sin embargo la obra en si debe ir acompañada de una
reflexión del autor, o mejor de un debate cara a cara entre artista y espectadores,
para que los jóvenes alcancen a comprender la complejidad de la obra y todos
sus puntos de reflexión.
