Hace poco descubrí a
una interesante ilustradora, se trataba de la estadounidense Caitlin Hackett
cuyo trabajo cercano al surrealismo hace alusión a las fronteras que separan a
los humanos de los animales, tanto física como espiritualmente, y cómo estos límites
son deformados por los nuevos datos científicos, la mitología, la historia y
las creencias religiosas por igual, borrando los límites sobre lo que es el ser
humano, y lo poco que nos separa de los monstruos o de las bestias de la
naturaleza.
El característico estilo de esta artista es cercano al surrealismo onírico, en el uso de hibridaciones, deformaciones y seres imposibles que pueblan un mundo desolado y gris. Sin embargo, su toque personal lo pone el carácter tenebrista y tétrico de todas sus composiciones, la presencia de esqueletos, la mezcla un tanto estrambótica de seres deformes y demás monstruosidades. Además de las inquietantes líneas quebradas y sinuosas que emplea, los tonos lúgubres en medio de un mar de colores claros, los elementos que parece que no debieran de estar ahí y el sentimiento de tristeza, soledad o marginación que parecen expresar las criaturas nos hacen preguntarnos sobre qué es lo que la artista pretende contarnos y que va más allá de la imagen que estamos viendo.
Sus obras son
composiciones que hablan del sentimiento de la gente, ya sea bueno o malo, hacia
los animales, y sin palabra alguna los propios seres de los cuadros nos revelan
con ironía su dolor o incomprensión hacia la injusticia que los rodea, como la
elegante mujer adornada con el cadáver en descomposición de una zorra o el
cordero mutante en un paraje destrozado.
Esta novedosa artista
está rompiendo los moldes del arte ilustrativo tal y como se concebía hasta
ahora. Fundiendo el pasado de la pintura con algo que aún apenas está empezando
ha triunfado en un campo que hasta hace muy poco estaba reservado al cómic
tradicional. Es interesante que la gente conozca su obra, así como la de tantos
otros que también están empezando a innovar y a crear tendencia, como el
español Luis Royo o el japonés Ryohei Hase. Al enseñar este tipo de arte,
además del convencional, en universidades y centros de arte, hace posible que
se formen alumnos con un amplio conocimiento
artístico que algún día contribuirán a aumentar el complejo y versátil
mundo del arte.
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