La Tate Modern, el museo Londinense de
arte contemporáneo, reúne estos días una retrospectiva de la obra del británico
Damien Hirst, el artista vivo con la obra mejor pagada de la historia.
A la entrada de la exposición nos
recibe la fotografía de un sonriente y joven Damien Hirst posando al lado de la
cabeza seccionada de un hombre. En el centro de la muestra encontramos sus
grandes obras: “La imposibilidad física de la muerte en la mente de un ser
vivo” un tanque que contiene un tiburón suspendido en formol, “Mil años” la
cabeza de una vaca en descomposición rodeada de moscas, “Sol negro” hecho con
miles de moscas, los armarios de medicinas llenos de pastillas, las ovejas
blanca y negra, la sala repleta de mariposas que revolotean alrededor de los
visitantes…
Sin embargo, además de estas y otras
muchas obras del artista que se exhiben en la muestra principal, que es de
pago, en otra zona recientemente abierta del museo se encuentra expuesta de
forma gratuita una de sus obras más polémicas “Por el amor de Dios” un cráneo
humano cubierto por mas de 8.000 diamantes que se expone cuidadamente iluminada
en una pequeña sala en casi completa oscuridad, dejando hechizados a los
visitantes con la multitud de destellos de colores que reflejan los cristales.
Ésta obra se vendió en su día por 50 millones de libras esterlinas, aunque
posteriormente se descubrió que fue el propio Hirst quien pagó tan alta suma,
tal vez por el placer de seguir durante mucho tiempo siendo el artista vivo con
la obra mejor pagada.
La exhibición está organizada de forma
cronológica y quiere ser un repaso completo de la carrera del artista, como por
ejemplo desde sus primeras pinturas “de puntos“ han derivado en su “Sol negro”
de moscas que hace una referencia a la totalidad de la existencia humana. Sin
embargo, el tema central de su obra siempre ha sido la muerte y todo aquello
que la rodea, por lo tanto su obra siempre ha estado envuelta en una gran
polémica premeditada, y por consiguiente de un gran seguimiento mediático. Por
ejemplo, las autoridades de Nueva york le negaron en su día el permiso para
exponer su “Pareja muerta follando dos veces”, dos cadáveres de un toro y una
vaca flotando en formaldehído.
El evidente interés de Hirst por
sembrar polémica no es más que otro intento por llamar la atención sobre su
obra y sobre sí mismo como artista innovador y extravagante. El empleo de
materiales “vivos pero muertos” es uno de los puntos más desconcertantes de su
obra, que provoca recelo, asco o estupor, pero siempre expectación.
Hirst se ha convertido en un artista
consagrado cuyas obras atraen siempre importantes sumas de dinero. Tanto es así
que esta exposición podría resultar una hábil maniobra comercial en la que
todos salen ganando. Él porque la gran publicidad que le granjea esta muestra,
en un museo que de joven juro no pisar nunca, va a disparar su notoriedad y las
ventas de sus obras en un momento económicamente crucial. Así mismo, La Tate
Modern, se asegura millones de visitas gracias también a los Juegos Olímpicos y
a la interesante trampa de hacer gratuita una parte de la visita que deja con
ganas de más.
En definitiva es una muestra atrayente que enseña la compleja obra de este artista conceptual. Una obra que todos deberíamos, como mínimo, conocer, dejando a un lado gustos y recelos, como una muestra más de este nuevo estilo de hacer arte que está revolucionando la cultura y desgraciadamente también la moneda.


