Hace poco fui al Teatro-Circo Price a
ver el espectáculo de circo Cirque Tzigane, de la compañía Romanés, uno de los
únicos circos gitanos que aun podemos encontrar en Europa. Una obra única que
nos acerca a la tradición familiar del arte zíngaro en el que tan importante es
la precisión en la ejecución de las distintas disciplinas circenses como la
ambientación y el clima que rodea el espectáculo.
Mientras se
lleva a cabo cada número, el resto de los miembros de la compañía, desde los niños
pequeños hasta los abuelos, incluso un perro que también participa en el
espectáculo, gritan, animan y cantan. En conjunto un espectáculo circense como
los que antaño poblaban las ferias, para divertirse y dejarse llevar, con
momentos de tensión, risas, y frenético baile.
En definitiva
un estilo de circo que nada tiene que ver con los típicos espectáculos de osos y payasos,
es una nueva forma de hacer este arte digna de ver, que evade al público de las
regias y cerradas composiciones a las que está acostumbrado, sumergiéndole en
un mundo despreocupado y alegre que gusta a todos los públicos. Me parece muy
interesante que este estilo sea conocido por todos, especialmente los jóvenes,
como inspiración de algo nuevo en donde es posible ver una obra libre y natural
a la vez que elaborada y cuidada.

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